En esencia
La que escribe
- Esa niña que vive dentro de mi
- "Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan.)". El Principito.
Si quieres contarme algo...
Lo escrito
Aquí se habla de todo esto:
- apego (5)
- cambiar el mundo (5)
- casualidades (2)
- compañerismo (3)
- cosas que escribía la niña (4)
- creaciones (7)
- cuentos (6)
- educación (5)
- esperanza (5)
- familia (11)
- La mamá (4)
- la mujer (9)
- La niña (11)
- maestro (2)
- mamá (4)
- música de mi infancia (2)
- otros niños grandes (4)
- papá (4)
- poesía (2)
- premios (3)
- reconstrucciones (6)
- recuerdos (11)
- reflexiones (11)
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lunes, 19 de marzo de 2012
Feliz Día, Papá
2 comentarios:
viernes, 16 de marzo de 2012
Parar, verse, sentirse
6 comentarios:Vivimos en una espiral huracanada que nos empuja a la actividad y al movimiento exacerbado y continuo: a hacer, a consumir, a no "perder el tiempo". No es fácil realizar el ejercicio de parar un poco, respirar hondo, despojarse de juicios y reconocerse: qué me está pasando, dónde estoy, en qué punto me encuentro en este momento, cómo me hace sentir eso.
Es, tristemente, mucho más común escuchar "¿qué haces?" en lugar de "¿cómo estás?". Nosotros mismos nos confundimos con nuestro disfraz. Nos vemos y vemos a los demás a través de "lo que hacemos", "lo que decimos", "lo que pensamos". Nos creemos que somos "médicos" porque hemos estudiado Medicina. Y, una cosa viene de la mano de la otra, nos creemos -y creemos a los otros- listos, competentes, "buenas o malas" personas, triunfadores, perdedores. También es común sumergirse en el mundo de los otros, verlos y escucharlos (o creer que lo hacemos) pero mucho más difícil verse y escucharse a uno mismo. Cuando nos atrevemos a hacerlo, nos encontramos en un camino interminable, descubriendo que ese disfraz es más grande y pesado de lo que hasta ahora creíamos. Un disfraz pegado a nuestro cuerpo desde hace tantos años... Cuesta mucho quitarse la peluca, la corbata, la nariz de payaso, porque uno se da cuenta de que siempre existen accesorios que desconocíamos, y que van apareciendo de la nada al despojarnos de los anteriores. Quitamos los accesorios de "lo que hago, lo que digo, lo que pienso". Es infinitamente complicado llegar a desnudarse completamente. Un trabajo de toda una vida, quizás. Es evidente que nuestra desnudez lo que nos muestra es nuestro corazón, sin más, sin complementos.
Escribir es una de las maneras de buscarse, aunque uno no sepa realmente que en el fondo se está buscando. El arte, en cualquiera de sus modalidades, es un acto mágico y sagrado que nos acerca al corazón de la cebolla, a nuestra propia desnudez; un ejercicio que nos permite reconocernos, sentirnos, percibir e intuir eso tan abstracto que se halla en lo más profundo de nosotros; nuestra esencia.
A lo largo de los últimos años (y, para mí, es el gran descubrimiento de mi vida hasta la fecha) ha cobrado vital importancia sentirme. Aunque a veces me cuesta horrores parar y hacerlo. Reconocerme como un misterioso pozo de agua limpia, turbia en otras ocasiones, realizar cotidianamente la tarea de asomarme y remover el agua estancada. Poner conciencia al observarme reflejada en otros estanques, similares o totalmente diferentes. Comprender que en todo pozo hay agua, y que cuanto más se indaga en ellos, más sorprendentes son los hallazgos.
Creo que este es un camino que nunca acaba. Al fin y al cabo, vamos alimentándonos de experiencias y vivencias a lo largo de la vida. El mundo es el que percibimos antaño, el que percibimos en la actualidad, y también el que percibiremos en un futuro. El agua se irá transformando... pero cuanto más la miremos, cuanto más pendientes estemos de cuidarla, más limpia y cristalina se hará a nuestros ojos. Para mí, es muy importante conocer qué ocurre en mi pozo... pues es el alimento que ofreceré a los míos, el que regalaré al mundo. Es mi pequeño granito de arena en el camino hacia la supervivencia de la humanidad, hacia la construcción de un mundo nuevo, hacia el verdadero "sentido" de las cosas.
Poema
4 comentarios:
serpenteante, que desemboca en el mar.
Navegué a través de los ríos
caudalosos del tiempo y del azar.
Dicha vaporosa, histriónica carcajada,
lágrima emocionada, o silencio, o bien paz
desde el caballo que conduzco a horcajadas.
Un suspiro intenso en este pueblo estelar.
Desde el cielo, observo el camino
cuando mis alas me permiten volar.
La lluvia borra mis huellas, como el niño
que, al crecer, olvidó recordar.
Verborrea estrepitosa,
serpentina desmedida,
serpiente comedida,
explosión de energía.
Universo que abrazo,
Universo encantado,
secretos bien guardados
en el corazón humano.
Desde el cielo, contemplo el camino
que, al nacer, emprendí. Quiero andar.
Mis huellas confirman este destino
que compongo al decidir no olvidar.
domingo, 19 de febrero de 2012
Presentación de esta niña que soy yo
4 comentarios:Esa niña que vive dentro de mí, tiene un millón de blogs desperdigados por todo el espacio cibernético. Fue dibujando palabras de colores, saltando de un lado a otro y casi al azar por diferentes planetas a lo largo de muchos años. Pero pronto se aburría de ellos, y los abandonaba para dirigirse hacia otras islas diferentes llenas de nuevas aventuras. La niña que vive dentro de mí, ésa que pasaba las horas muertas escribiendo cuentos y haciendo dibujos en el calor del hogar, no permitió que me olvidase jamás de esta necesidad suya de crear otros mundos y ordenar el suyo propio. Pero hacía mucho tiempo que la niña no buscaba un hueco nuevo que hacer suyo, y donde plasmar sus ideas y sus pensamientos.
A la niña que llevo dentro le encanta jugar, como a todos los niños. Y nunca ha permitido que yo dejase de hacerlo; así que, para tenerla(me) contenta, no me ha quedado más remedio que pasar mi vida hasta la fecha jugando mediante cosas como el teatro, como la música, como la creación de canciones y cuentos, contemplando amaneceres, charlando con las estrellas, con mi planeta, columpiándome en los parques, experimentando cosas "diferentes", emocionándome con nuevas ideas aunque en principio parezcan "disparatadas", relacionándome felizmente con otros niños (niños pequeños y niños mayores).
La niña que vive dentro de mí nunca ha permitido que olvidase al resto de los niños. Siempre me ha hecho esbozar una sonrisa o un guiño cómplice cada vez que me cruzo con alguno de ellos. Ella es la responsable de mi asombro e incredulidad cuando otras personas mayores, algunas de ellas muy importantes para mí, reconocen que "no les gustan los niños". Estos comentarios la han entristecido pero, en el fondo, jamás se los ha creído.
Esta niña que llevo dentro, como todos los niños y también como yo, desea con toda su alma que la quieran por ser como es, que la cuiden, que la traten bien y que la comprendan. No le gusta que le manden callar, no le gusta que se burlen de ella, de sus ideas o de sus pensamientos; no le gusta que no la valoren o que no la tomen en serio. Ella me pellizca, para que salte como un resorte, cuando estas cosas me suceden. En ocasiones, intento calmarla. Entonces, protesta y me grita que no; que tiene derecho y que yo también lo tengo. A esta niña, como a todos los niños y también como a mí, le encanta que le permitan ser ella misma, necesita expresarse tal y como se siente sin que la juzguen por ello. Por todo esto, quiere que los niños mayores se sienten con ella a compartir sus sentimientos desde el amor (pues como niña que es, aún no ha olvidado que el amor es la herramienta más valiosa para solucionar conflictos). A esta niña le enfurecen los niños mayores que hacen comentarios a otros niños pequeños, comentarios como "no llores, manipulador, sólo quieres llamar la atención, me estás dejando en ridículo, compórtate bien, tú te callas que estamos hablando los mayores"... Esta niña se enfurece, también, cuando ve que se les riñe de forma cruel, o que se les castiga, ignora, burla, que se les espeta "¡muy mal!" o "¡eres malo!" o que se les da un "azote a tiempo". Yo, que la llevo conmigo; yo, que recuerdo a mi propia niña, me enfurezco entonces también.
En ocasiones, cuando las cosas no salen como a ella le gustaría que salieran, sufre de pataletas. Y se enfada mucho si entonces le mandan callar o a pensar en su cuarto, si se ríen de ella o la ignoran. Y llora mucho si no la comprenden ni la ayudan. Y se siente sola. Y se queda en un rincón, hecha un ovillo, hasta que toda la tormenta ha pasado y vuelve a salir el sol.
Esta niña a veces siente miedo. Y a veces siente muchísimo miedo. Entonces, como Pepita Pulgarcita, se va haciendo más y más diminuta, hasta haberse convertido en alguien tan minúsculo que los ojos de los otros niños mayores casi no la pueden ver. O hasta desaparecer completamente.
Otras veces, cuando se asusta, se enfrenta al monstruo. Saca una espada invisible que agita una y otra vez ante el adversario, pero no siempre gana la batalla. Cuando esto ocurre, queda exhausta y triste.
O se va corriendo. Y corre, y corre, y corre, sin saber a dónde va, ni si llegará a un lugar cálido o conocido. Y se esconde bajo un árbol, y respira aliviada, porque la sensación de peligro ha disminuido temporalmente con la lejanía. Entonces, se queda jugando por los alrededores... pero cuando comienza a hacer frío y sale la Luna como todas las noches, desea volver a casa al lado de su mamá y de su papá, para meterse en la cama con ellos, y sentir de esta manera que nada malo podría pasarle.
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