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domingo, 8 de abril de 2012

Cuentos de Animales (I) - RUFO, EL PERRITO CALLEJERO


Cuentos que escribía la niña que un día fui. Cuentos de Animales (I)



RUFO, EL PERRITO CALLEJERO 


Rufo era un perrito callejero. Iba siempre paseando sin rumbo fijo, en busca de un hogar. Soñaba con encontrar unos dueños que le quisiesen, pero allá donde iba, nadie se fijaba en él. Tenía una novia, Rufa. La conoció en una casa vieja y abandonada donde acudían muchos perros callejeros a dormir cuando llovía o hacía mucho frío. Rufa también vivía en la calle. Pero como Rufo caminaba por distintos lugares, no la podía ver siempre.  Aún así, cuando se encontraban, se lo pasaban muy bien juntos.

Rufo era un perrito bajito, parecía un perro salchicha pero no lo era. Tenía un color de piel amarillo huevo, y sobre las patas y cabeza el color cambiaba a amarillo pálido. En el lomo tenía diez manchas negras, unas más grandes que otras.

Un día, en su camino, se encontró a otro perro.  Este otro perro era grande, enorme, con cara de pocos amigos, y estaba metiendo miedo a un cachorro de gatito que no cesaba de maullar asustado. El perro mordía la cola del gatito, éste maullaba, el perro volvía a morderle, el cachorro maullaba más fuerte... Rufo, aunque era más pequeño que el otro perro, se lanzó sobre él y mordió su rabo, para que sintiera lo mismo que el gato. El perro grande soltó al gato al tiempo que daba un gran alarido. Se levantó de un salto y corrió a enfrentarse a Rufo, dejando libre al gato, que huyó despavorido.
  • ¿Por qué me has mordido el rabo? – Preguntó con un ladrido que sonó como un trueno - ¿Es que no sabes que los perros se llevan mal con los gatos?
  • Sí, sí lo sé. – Contestó Rufo, envalentonado – Pero mírame.  Yo también soy un perro, tengo sentimientos y soy amigo de todos.
  • ¿Así que sentimientos, eh? – Se burló el perro. – Te desafío a una pelea aquí, ahora mismo.
  • No me gusta la violencia. – Declaró Rufo, y era verdad. Pero pensó que si no se enfrentaba con ese perrazo iba a parecer un cobarde (que no lo era) así que le dijo – Pero esta vez haré una excepción.
Empezaron a caminar en círculos, se enseñaron los dientes y el perro grande se tiró a por Rufo. Seguro que el pobre Rufo hubiera perdido pero, de pronto, ocho gatos salieron de un agujero del muro de la pared y se lanzaron todos al mismo tiempo sobre el perro grande. Éste, al ver que no tenía escapatoria, pidió perdón a Rufo -sin mirarle a los ojos- y se largó con el rabo entre las piernas. Los gatos y Rufo se pusieron a bailar y jugar juntos, contentos, y justo en ese instante, una chica apareció.
  • ¡Manuel, Manuel! Mira, ahí fuera hay un perro con nuestros gatitos, y parece que se lleva muy bien con ellos. ¿Lo adoptamos? – Gritó, alegre.
  • ¡Vale! – Exclamó el chico.
Y Rufo vivió siempre feliz con esa pareja que le había recogido y con todos los gatitos.

2 comentarios:

¿Tiene el niño que llevas dentro algo que comentar?

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