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viernes, 29 de junio de 2012

Día Mundial del Sueño Feliz (o #desmontandoaestivill, que ya es hora)




Esta entrada forma parte de una iniciativa en redes y medios sociales que pretende situar como trending topic el hashtag #DesmontandoaEstivill, como parte de la celebración el 29 de junio como el Día Mundial del Sueño Feliz.  He aquí mi pequeña aportación como apoyo a este movimiento social revolucionario.









Me encantaría, en el día de hoy, hablar de mi experiencia como "mamá" en este tema.  Espero tener la oportunidad más adelante.  Por el momento, me conformaré con -como vengo haciendo en este blog desde que fue creado- hablar de mi experiencia como la niña a la que no he olvidado, como la persona en que me he convertido y soy:



Y es que la niña que fui durmió de todas las maneras posibles a lo largo de su infancia.  Evidentemente, no recuerdo cómo transcurrieron mis primeros días, semanas, meses de vida.  Pero me consta que -afortunadamente- mi familia decidió actuar desde ese sentido común e instinto que les "pedía" estar ahí para los pequeños según su corazón les indicaba.  Nunca se plantearon opciones o "métodos" de adiestramiento, pues simplemente jamás sintieron la necesidad de hacerlo. 

Me recuerdo a menudo compartiendo cama, compartiendo sueños felices.  Algunos de esos momentos fueron retratados fotográficamente cuando no era más que un bebé, y adoro esas antiguas imágenes en las que aparezco piel con piel sobre el pecho de mi papá, ambos durmiendo como un tronco.

Sobre el "miedo", en mi memoria sólo aparece una pesadilla nocturna en mis vivencias infantiles.  La viví durmiendo ya en mi propia cama, tendría unos cuatro años como mucho.  La sensación de pánico ante ese mal sueño, en la oscuridad de la noche, se fue apaciguando con la pronta presencia de uno de mis progenitores (podría haber sido cualquiera de ellos); miedo que remitía de manera natural ante su suave, paciente y comprensiva compañía en ese pequeño "calvario nocturno" que me acababa de suceder.  Y es que no recuerdo más pesadillas o malos sueños.  Nunca sentí miedo a dormir sola.  Siempre estuve convencida de que, si algo "malo" me sucedía durante la noche, mi sufrimiento acababaría con el abrazo protector de los mayores que me cuidaban (papás o abuelita, sobre todo).  Y sí, mis experiencias de sufrimiento nocturno acabaron, o casi no llegaron a empezar...  acabaron de tal manera que no se ha vuelto a repetir jamás, hasta la fecha.  Con un método tan "de sentido común" y desde las entrañas como acompañar a la persona que quieres cuando sufre, siente miedo o necesidad de contacto.  Tal y como nos gusta que nos traten a los adultos, ni más ni menos.

Echando la vista atrás, me recuerdo también compartiendo cuarto constantemente con mis dos primitas mayores durante una época temprana de mi infancia: las recuerdo a ellas en sus literas y a mí en una camita pegada a la litera de abajo.  Puedo rememorar cuánto me complacía esto, qué seguridad me aportaba sentirlas como las hermanas mayores que nunca tuve cuando se apagaban las luces y susurrábamos las últimas palabras cómplices antes de cerrar los ojos.

Me recuerdo compartiendo cuarto, en los primeros tiempos y en la adolescencia (también tuvimos cuartos separados en otras épocas) con mi hermanita.  Me recuerdo compartiendo la misma cama con ella también en muchas ocasiones...  y sofá, y tantos otros.  Sonrío al evocar su vocecita cuando nos despedíamos con un "buenas noches" en nuestro código particular hermanil.

Me recuerdo quedándome a dormir habitualmente en casa de mis abuelos y haciéndome un ovillo en la misma cama que mi yaya.  Recuerdo esta misma experiencia con ellos en otra casa distinta, la casa de la playa, acostada en una camita adosada a la de la abuelita, ya que teníamos que distribuirnos muchas personas de la misma familia en la misma casa.  Recuerdo las caricias, en mitad de la noche, de mi yaya a mi lado, incluso habiéndome convertido ya en una niña "mayorcita".  Jamás se me olvidará lo querida que me sentía en esta experiencia nocturna a su lado.

Recuerdo que muchos de los primitos, a veces, nos quedábamos a dormir en su casa y nos repartíamos varios en un par de camas de matrimonio.

Recuerdo descansar al lado de mi mamá de bien pequeñita y ya no tanto...  Recuerdo despertarme en mitad de la noche en un sobresalto y continuar mi sueño como si nada, tranquila al sentir su presencia y el roce de su cuerpo a mi lado.  Recuerdo, cuando mi padre viajaba, cómo la cama se quedaba enorme para nosotras y, aún así, yo me pegaba buscando su aroma dulce, su cálido y amoroso abrazo.

Y, sobre todo, recuerdo la sensación de plenitud al disfrutar de la cercanía de los cuerpos de mis papás en esas primeras épocas.  Piel, brazos, descanso, besos, paz, cercanía...  Estando con ellos, feliz, segura ¡cómo no dormir a pierna suelta, totalmente tranquila!.  ¿Qué mejor lugar para descansar que en el mismo colchón que mis papis, al igual que hacen los cachorritos, pegaditos al calor del cuerpo de su mamá?



Nunca tuve ni he tenido problemas de sueño.  Tampoco quise quedarme en la cama de los papás hasta los quince años, como se suele temer por ahí: en seguida tuve mi propia cama y mi propio cuarto, espacio que acepté alegremente ya que sabía que era seguro, que nunca estaría sola si sentía miedo, si necesitaba refugio.  Y siempre podría cobijarme de nuevo en la cama de mamá y papá.  Y disfrutaba durmiendo en las casas de los amigos, de los primitos, de otros familiares, disfrutaba compartiendo sueños placenteros con los demás.  Con unos pocos años más, disfrutaba saliendo meses enteros de "campamento de verano", de viaje, compartiendo mi cuarto con otros niños, amiguitos, familiares... y durmiendo también a solas.  Siempre he dormido como un lirón en todas partes: en camas extrañas, durante viajes, sola o acompañada. He dormido sola durante mucho tiempo, no sólo durante mi infancia en mi cuarto; también cuando me independicé por primera vez para estudiar fuera de mi ciudad, en viajes a otros países, en situaciones "extrañas" y sin nadie conocido cerca.  La soledad de mi cuarto, y de cuartos ajenos, nunca fue una amenaza. 

Siempre fue así, y sigue siéndolo: caigo rendida nada más acostarme, casi automáticamente,  mientras siento que soy mecida dulcemente por Morfeo...  seguramente, tal y como me mecían mis padres y aquellos que me cuidaban...

Hoy en día, duermo apaciblemente al lado y en contacto con mi pareja.  Fue un placer compartir colchón con los que me criaban, un placer que no entiendo porqué se les niega a algunos niños y también a los adultos.  Y es que es un placer compartir sueños con personas a las que quieres.  A pesar de esto, si las circunstancias lo requiriesen podría volver a dormir a solas, como hice durante años antes de vivir en pareja, sin ningún tipo de problema.  O sea, a pesar de estas prácticas en las que fui criada, no me convertí en una niña y/o adulta dependiente del sueño compartido, sino todo lo contrario: siempre dormí alegremente, tanto dentro como fuera de casa, tanto sola como acompañada. 

Y, además, no sólo no tengo problemas con el sueño, sino justo todo lo contrario: me encanta dormir, y sería capaz de hacerlo en casi cualquier parte, es una de las cosas que más disfruto...   Y, para mí, es inconcebible ese terror vinculado al sueño, y mucho menos asociado al sueño infantil.  Sí, el método Estivill, bajo mi punto de vista, es "maltrato" puro y duro.  Un maltrato totalmente innecesario que se lleva a cabo desde la ignorancia, desde el miedo, desde el afán por querer controlar todo y, sobre todo, desde la desinformación que -aún hoy en día- vemos que algunos padres, que sólo buscan "lo mejor para sus hijos" siguen sufriendo por parte de supuestos profesionales, como este Estivill.  Por esto  es por lo que me siento en la necesidad de contribuir a este espontáneo "Día Mundial del Sueño Feliz", o este #desmontandoaestivill, que ya es hora.



Más información sobre estas "técnicas":


Métodos de adiestramiento para el sueño
¿Cómo nadie me avisó de que si no dormía con mi bebé me estaría perdiendo algo maravilloso?
Pilar Serrano "Los bebés llevan escritos en los genes dormir en presencia de los padres"
Colecho y síndrome de muerte súbita del lactante
Lactancia materna nocturna y colecho
Estimado doctor Estivill
Eduardo Estivill: "Existen investigaciones muy serias sobre las mamás que están en contra de estas ideas y la mayoría presentan una psicopatología en su forma de ser"
Método Estivill para comer: desglose, comentarios y reflexiones acerca de su aplicación
Sobre las agudas respuestas del Doctor Estivill cuando se le pregunta por el colecho
El colecho reactivo, la nueva sandez de Estivill
Terapia para el Sr. Estivill
Día Mundial del Sueño Feliz

14 comentarios:

  1. Me sumo a la iniciativa contra todo método de entrenamiento para dormir niños y voy por lo natural, por lo que nos hace sentir bien a padres e hijos. Aunque la cama quede chica, el corazón es enooorme!!!

    Un beso!

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    1. Gracias por sumarte, Fer. Me encanta que tú también lo compartas, dada mi admiración hacia ti como madre, como cuestionadora, como persona coherente.

      Un abrazo

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  2. Me encantó leerte porque también yo cuido a la niña que vive dentro de mí, la cuido y la alimento para que no me abandone nunca, pese a que ya tengo seis décadas y algunos más. Compartí dormitorio con mi tía, pero cuando algo me asustaba, corría a su cama, o a la de mis padres. Mis hijos siempre vinieron a la mía, allí los acurruqué con cariño y calmé sus miedos, pese a "eso" hoy son dos mujeres y un hombre muy normalitos. Sigue haciendo siempre lo que tu corazón te dicte, nadie sabe más que él. Me encantó visitarte. Besitos.

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    1. ¡Y a mí me encantó leerte y conocer tu experiencia, Pepi! Gracias por tu visita, siéntete bienvenida cada vez que aterrices de nuevo por aquí.

      Besos

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  3. Me ha hecho mucha gracia porque muchas noches cuando Manuel aparece en nuestra habitación o nos llama desde la suya, pienso para mí: "a las 2 de la mañana quería yo ver a Estevill aplicando el método" ja ja ja y evidentemente lo meto en nuestra cama y seguimos durmiendo tan a gusto.

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    1. Y seguro que Manuel te lo agradece mucho, mucho... Un beso enorme para los dos.

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  4. Estivill es un tanto extremo.
    Por cierto soy Pérfida
    Un saludo coleguita

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    1. Dejémoslo en "extremo", sí... jaja.

      Bienvenida Pérfida, saludos también para ti

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  5. Respuestas
    1. ¡He vuelto, chica que comía margaritas!. Yo también he añorado mucho estar por aquí, y espero no haberme perdido demasiado. ¡Ahora, a ponerme al día! Un beso enorme, y muchas gracias por buscarme en mi ausencia.

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  6. Eres una niña preciosa por dentro y por fuera.

    Enhorabuena por tu blog. Te he dejado un "regalito" en el mío. cocinayotrosplaceres.blogspot.com.es

    Saludos!!

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    1. ¡Muchas gracias, Niña Cocinitas!. Dentro de muy poco, lo recogeré y mostraré a todos. Besitos

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  7. Este señor no es consciente del daño que está haciendo intentando hacernos creer que los bebes no saben dormir y hay que enseñarlos a hacerlo de la "manera correcta".
    Ni siquiera es pediatra... habrá que analizar el por qué del exito de sus libros, porque yo no me lo explico. Recuerdo que a mi me regalaron su primer libro cuándo estaba embarazada de mi primer hijo, y no daba crédito a lo que estaba leyendo... una lástima.

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    1. Manosdemadre, pues me alegro mucho de que tú escuchases tu corazón y tu instinto, y desechases por sentido común poner en práctica lo que decían esas lecturas... En tu caso, pues, no ha podido hecho daño. Los que a mí me preocupan son todos los casos en los que los padres, inseguros y/o desinformados, sí dan crédito a sus palabras y las llevan a cabo pensando que hacen lo mejor para sus hijos.

      Besos.

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