En esencia
La que escribe
- Esa niña que vive dentro de mi
- "Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan.)". El Principito.
Si quieres contarme algo...
Lo escrito
Aquí se habla de todo esto:
- apego (5)
- cambiar el mundo (5)
- casualidades (2)
- compañerismo (3)
- cosas que escribía la niña (4)
- creaciones (7)
- cuentos (6)
- educación (5)
- esperanza (5)
- familia (11)
- La mamá (4)
- la mujer (9)
- La niña (11)
- maestro (2)
- mamá (4)
- música de mi infancia (2)
- otros niños grandes (4)
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- poesía (2)
- premios (3)
- reconstrucciones (6)
- recuerdos (11)
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sábado, 26 de enero de 2013
Cuentos de Flores (II) - El director de la fábrica
4 comentarios:
Cuentos que escribía la niña que un día fui. Cuentos de Flores (II):
Ese día pasaba algo: las flores
y las plantas lo notaron en el aire... fueron las primeras en darse cuenta de que no iba a
suceder nada bueno. Discutían entre sí y
no se ponían de acuerdo:
-
Por favor, Señor Jazmín. – Decía Aloe – Debemos
avisarlos.
-
¿De qué nos vale avisar a los animales? – Gruñía
Jazmín – No nos van a servir de ninguna ayuda.
Margarita, ¿tú qué opinas?
-
Opino que Aloe tiene razón: es mejor que se enteren los
árboles, los animales... ¡y que pensemos entre todos!.
-
Sí. Juntos, podemos hacer la fuerza.– El Lirio se metió en la conversación. El viejo Roble, árbol de pocas palabras, asintió largamente, al fondo.
-
Está bien. Votemos. – Propuso Azahar. Y así lo hicieron. Por mayoría debían avisar a todos los seres que habitaban el bosque. Así que cuando la mariposa Mari-Rosa se posó
en la señora Amapola, ésta le dijo:
-
Querida Mari Rosa, por favor, ayuda a difundir la voz:
un peligro se acerca.
-
No te preocupes, Amapola. – Le respondió dulcemente Mari-Rosa – Nosotros, los animales, ya lo habíamos intuido también.
- ¡Mirad todos… ahí está el peligro! – Gritó Ardilla, posada sobre la rama más alta de Pino, el árbol más frecuentado por los animales saltarines y voladores gracias a su agradable olor.
miércoles, 20 de junio de 2012
Cuentos de Flores (I) - La Abeja Lucy
2 comentarios:Cuentos que escribía la niña que un día fui. Cuentos de Flores (I)
LA ABEJA LUCY
Lucy era una abeja que vivía en un jardín muy bien cuidado,
con sus amigas las flores y los insectos.
Todos eran muy felices viviendo en el “Paraíso”, pues así llamaban al
jardín.
Un día, la abeja Reina tomó una decisión:
-
Puesto que cada vez somos menos abejas, ya que los niños nos
matan sin piedad, lamento comunicaros que en vez de diez granitos de polen cada
una, tendréis que coger quince al día.
Lo siento mucho, pero... o lo hacemos de esta manera, o llegará el día en que ya no podremos fabricar
miel.
Las abejas estaban tristes: sobre
todo, porque muchos de sus familiares y amigos habían sido asesinados en los últimos tiempos, pero también porque tenían que coger cinco granitos más al día cada una… ¡eso
les supondría ir mucho más cansadas de lo que ya iban! Pero no podían desobedecer a su abeja-reina.
domingo, 22 de abril de 2012
Vocación Creadora: una conexión más con la niña que llevo dentro
17 comentarios:¿Qué descubrían vuestros niños interiores cuando oteaban su vida futura desde la cima de sus primeros años? ¿Qué soñaban cuando experimentaban esa poderosa visualización de sí mismos en sus mentes al vislumbrarse unas décadas más tarde?. Para la niña que llevo dentro era muy grande esa evocación, suponía elevarse con sus propias alas en un ligero vuelo dulce: vivenciar en su imaginación, con pasión sobrecogedora, las diferentes posibilidades y fantasear con las que más placer generasen en ella.
La niña que aún vive en mi interior siempre deseó ser mamá de mayor. Y también quiso, por épocas, ser maestra, o enfermera, o azafata de avión o astronauta (para no abandonar esos vuelos de caramelo entre las nubes, imagino) pero en poco tiempo descubrió que existían ciertas profesiones que le permitirían seguir "jugando" aún siendo adulta; actividades conectadas a esos "viajes" trascendentales a través de los cuales podría no dejar nunca de ser la niña que era. Se dio cuenta cuando descubrió que existían las llamadas profesiones "artísticas".
domingo, 8 de abril de 2012
Cuentos de Animales (I) - RUFO, EL PERRITO CALLEJERO
2 comentarios:Cuentos que escribía la niña que un día fui. Cuentos de Animales (I)
RUFO, EL PERRITO CALLEJERO
Rufo era un perrito callejero. Iba siempre paseando sin rumbo fijo, en busca de un hogar. Soñaba con encontrar unos dueños que le quisiesen, pero allá donde iba, nadie se fijaba en él. Tenía una novia, Rufa. La conoció en una casa vieja y abandonada donde acudían muchos perros callejeros a dormir cuando llovía o hacía mucho frío. Rufa también vivía en la calle. Pero como Rufo caminaba por distintos lugares, no la podía ver siempre. Aún así, cuando se encontraban, se lo pasaban muy bien juntos.
domingo, 1 de abril de 2012
Lo que da el maestro también se transforma
4 comentarios:Hoy tenía intención de actualizar el blog con el deseo de expresar una sensación que me embriaga últimamente: una satisfacción semejante a la que surge al encajar una nueva ficha en el viejo puzzle de cinco mil piezas que anteriormente se encontraba deshecho y caóticamente revuelto en algún cajón olvidado... Quería, con todas mis fuerzas, reflejar dentro de lo posible esa plenitud al contemplar el puzzle después de tanto trabajo y esfuerzo; detallar eso tan grande que se siente al comprobar cuánto ha avanzado esa reconstrucción, incluso sabiendo que siempre quedarán fichas por colocar.
Hurgando en mi memoria (consciente de que no conseguiría describir esto tan sólo con palabras, y buscando ese "algo" que ayudase a mi texto a hacer llegar todo esto que siento) me ha venido a la cabeza el tema "Todo se transforma" de Jorge Drexler, canción rebosante de verdad y energía que me emocionó desde el primer momento de escucharla, y que más tarde se convertiría, para mí, en "canción divina" al vivirla como banda sonora en una experiencia vital muy especial, en un viaje sublime al centro del corazón de la niña que llevo dentro.
viernes, 16 de marzo de 2012
Parar, verse, sentirse
6 comentarios:Vivimos en una espiral huracanada que nos empuja a la actividad y al movimiento exacerbado y continuo: a hacer, a consumir, a no "perder el tiempo". No es fácil realizar el ejercicio de parar un poco, respirar hondo, despojarse de juicios y reconocerse: qué me está pasando, dónde estoy, en qué punto me encuentro en este momento, cómo me hace sentir eso.
Es, tristemente, mucho más común escuchar "¿qué haces?" en lugar de "¿cómo estás?". Nosotros mismos nos confundimos con nuestro disfraz. Nos vemos y vemos a los demás a través de "lo que hacemos", "lo que decimos", "lo que pensamos". Nos creemos que somos "médicos" porque hemos estudiado Medicina. Y, una cosa viene de la mano de la otra, nos creemos -y creemos a los otros- listos, competentes, "buenas o malas" personas, triunfadores, perdedores. También es común sumergirse en el mundo de los otros, verlos y escucharlos (o creer que lo hacemos) pero mucho más difícil verse y escucharse a uno mismo. Cuando nos atrevemos a hacerlo, nos encontramos en un camino interminable, descubriendo que ese disfraz es más grande y pesado de lo que hasta ahora creíamos. Un disfraz pegado a nuestro cuerpo desde hace tantos años... Cuesta mucho quitarse la peluca, la corbata, la nariz de payaso, porque uno se da cuenta de que siempre existen accesorios que desconocíamos, y que van apareciendo de la nada al despojarnos de los anteriores. Quitamos los accesorios de "lo que hago, lo que digo, lo que pienso". Es infinitamente complicado llegar a desnudarse completamente. Un trabajo de toda una vida, quizás. Es evidente que nuestra desnudez lo que nos muestra es nuestro corazón, sin más, sin complementos.
Escribir es una de las maneras de buscarse, aunque uno no sepa realmente que en el fondo se está buscando. El arte, en cualquiera de sus modalidades, es un acto mágico y sagrado que nos acerca al corazón de la cebolla, a nuestra propia desnudez; un ejercicio que nos permite reconocernos, sentirnos, percibir e intuir eso tan abstracto que se halla en lo más profundo de nosotros; nuestra esencia.
A lo largo de los últimos años (y, para mí, es el gran descubrimiento de mi vida hasta la fecha) ha cobrado vital importancia sentirme. Aunque a veces me cuesta horrores parar y hacerlo. Reconocerme como un misterioso pozo de agua limpia, turbia en otras ocasiones, realizar cotidianamente la tarea de asomarme y remover el agua estancada. Poner conciencia al observarme reflejada en otros estanques, similares o totalmente diferentes. Comprender que en todo pozo hay agua, y que cuanto más se indaga en ellos, más sorprendentes son los hallazgos.
Creo que este es un camino que nunca acaba. Al fin y al cabo, vamos alimentándonos de experiencias y vivencias a lo largo de la vida. El mundo es el que percibimos antaño, el que percibimos en la actualidad, y también el que percibiremos en un futuro. El agua se irá transformando... pero cuanto más la miremos, cuanto más pendientes estemos de cuidarla, más limpia y cristalina se hará a nuestros ojos. Para mí, es muy importante conocer qué ocurre en mi pozo... pues es el alimento que ofreceré a los míos, el que regalaré al mundo. Es mi pequeño granito de arena en el camino hacia la supervivencia de la humanidad, hacia la construcción de un mundo nuevo, hacia el verdadero "sentido" de las cosas.
Poema
4 comentarios:
serpenteante, que desemboca en el mar.
Navegué a través de los ríos
caudalosos del tiempo y del azar.
Dicha vaporosa, histriónica carcajada,
lágrima emocionada, o silencio, o bien paz
desde el caballo que conduzco a horcajadas.
Un suspiro intenso en este pueblo estelar.
Desde el cielo, observo el camino
cuando mis alas me permiten volar.
La lluvia borra mis huellas, como el niño
que, al crecer, olvidó recordar.
Verborrea estrepitosa,
serpentina desmedida,
serpiente comedida,
explosión de energía.
Universo que abrazo,
Universo encantado,
secretos bien guardados
en el corazón humano.
Desde el cielo, contemplo el camino
que, al nacer, emprendí. Quiero andar.
Mis huellas confirman este destino
que compongo al decidir no olvidar.
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